sábado, 31 de enero de 2015

El mejor cine de 2014 (II)

La semana pasada fue el turno de aquellas películas que, sin llegar al top 10, hicieron los méritos suficientes para considerarlas entre las mejores del 2014. Ahora sí, estas son en mi opinión las mejores obras estrenadas en España a lo largo del año pasado.

1. Perdida
Fincher haciendo lo que mejor sabe hacer. En un gran año de cine, Perdida escala al primera puesto gracias a un thriller que tiene todo lo que debería tener una película del género. Atmósfera opresiva, una historia llena de giros sorprendentes, una inmensa interpretación de Rosamund Pike y soberbia dirección de David Fincher, moviéndose como pez en el agua en su habitat natural.

2. Interstellar
Otro de los mejores directores de la década, Christopher Nolan, y su aparentemente inagotable fuente de talento nos trajeron una (otra en realidad) maravilla de la ciencia ficción. Grandilocuente como la historia que cuenta, Interstellar nos lanzaba a las profundidades del espacio en la que posiblemente sea la película más completa de la filmografía de su director. Lo tiene todo para convertirse en una de las grandes referencias del género.

3. El lobo de Wall Street
Una de las películas con las que más me he reído en mi vida, y con eso lo digo todo. Scorsese y DiCarpio, una de las más fructíferas alianzas cinematográficas del siglo, olvidaban todo el sentido de la decencia y la serenidad para lanzarse a una locura de casi tres horas sin ningún orden ni concierto. ¿Y qué?
4. Winter Sleep
La 'joya oculta' del año (y había varias candidatas) es esta película turca que, pese a que su larguísimo metraje y su temática hará que muchos la miren con recelo, es una grandísima obra maestra en todos sus aspectos. Magníficos diálogos y una impresionante disección psicológica de sus personajes que he visto en muy pocos filmes, además de ser visualmente un portento.

5. The Wind Rises
Uno de los mayores genios que el cine ha dado en las últimas décadas ponía el broche de oro a una impresionante carrera alejándose del tono más infantil de otras de sus películas y del onirismo de El viaje de Chihiro y La Princesa Mononoke (indiscutiblemente sus mejores obras) con su filme más 'serio' y realista, sin por ello abandonar todos los elementos que le han hecho convertirse en una leyenda del cine de animación.

6. Orígenes
Si hasta hace unas pocas semanas no conocía a Mike Cahill, gracias a sus dos únicas películas dirigidas hasta el momento, Orígenes y Otra Tierra ha hecho que en adelante vaya a seguir su carrera con mucho interés. Con un peculiar estilo narrativo, Orígenes relataba una sencilla historia de ciencia ficción con altísimo componente humano repleta de momento memorables.

7. Enemy
Director de las muy recomendables Incendies y Prisioneros, el canadiense Denis Villeneuve firma un thriller desconcertante con una fuerte atmósfera que requiere un segundo visionado casi obligatoriamente. Una de las mejores interpretaciones de Jake Gyllenhaal y una historia sorprendente cercana a la psicodelia de Cronenberg. 


8. Snowpiercer
Muy pocos directores habrían logrado un resultado como el que Bong Joon-ho ha alcanzado con una historia de estas características. Brillantemente filmado, a simple vista Snowpiercer podría parecer una película con pocos alicientes. Nada más lejos de la realidad. Mucha personalidad en este excelente filme coreano en el que quizá importen más las formas que el contenido.

9. Coherence
En este año cargado de grandes títulos de ciencia ficción, una de las 'revelaciones' inesperadas es esta compleja pero sencillísima historia de la que cuanto menos sepáis, mejor. No pasará a los anales de la historia y destaca poco en la mayoría de sus aspectos más allá del argumento, pero su premisa es de lo más original que encontraréis en los títulos más recientes del género.

miércoles, 28 de enero de 2015

El mejor monólogo de la historia del cine

Sí, de acuerdo, con el título estoy exagerando, pero al fin y al cabo el número de grandes monólogos del cine reciente pueden contarse con facilidad. Muchos pensaréis automaticamente en el legendario "You talkin' to me?" de Taxi Driver, que sí, es muy bueno, y hasta hace unos días lo consideraba el mejor que el cine (hablo siempre del cine contemporáneo) había dado. Curiosamente, el que le ha quitado el puesto es un monólogo que pronunció un actor que, durante unos años, fue considerado el heredero del propio Robert De Niro: Edward Norton.

Claro que un gran monólogo no sería tanto sin una gran película detrás, y en este caso nos referimos a uno que aparece en una joya relativamente poco conocida, La última noche, dirigida por Spike Lee. De este filme podríamos decir, para resumir, que es uno de los más cínicos que he visto en los últimos meses, y una buena muestra es su escena cumbre, unos cortos pero magníficos minutos en los que el personaje de Edward Norton, un traficante de drogas a punto de entrar en la cárcel, habla consigo mismo en un cuarto de baño, criticando con una amargura casi palpable a todos y cada uno de los grupos que habitan en Nueva York, para terminar arremetiendo contra los demás personajes.
Aunque esta entrada la he escrito con la intención de mencionar únicamente este excelente monólogo, no puedo desaprovechar la oportunidad para recomendar esta película, título muy especial por su planteamiento, directo y firme en todo momento, por un notabilísimo desarrollo de personajes que hace que, si bien el de Edward Norton es el protagonista principal, conozcamos bien a varios de sus compañeros, y por unos diálogos cargados de agilidad e intensidad.

domingo, 25 de enero de 2015

El mejor cine de 2014 (I)

Bastante entrado en el primer mes del año, y con algunas películas por ver (Relatos salvajes o Magical Girl, entre otros) llegó el momento de revelar cuáles han sido, en mi opinión, los mejores títulos que se han estrenado en España a lo largo del pasado 2014. Unas pocas se han quedado a las puertas, y ordenarlas ha sido difícil, pero finalmente me he decidido por un total de 18 filmes siguiendo mi opinión personal como único criterio.

11. A propósito de Llewyn Davis
La unión en una misma película de tres elementos con los que, en el mejor de los casos, no me llevo muy bien (a saber, los hermanos Coen, los filmes de temática musical, y el country), me hacían temer un soberano tostón antes de verla. Para mi sorpresa, y sin ser una película que pasará a los anales de la historia, me encontré con una notabilísima obra de personajes, con buenos personajes, buen ritmo y buena historia. 

12. La venus de las pieles
El bueno de Roman Polanski ha demostrado sobradamente en más de una ocasión que las adaptaciones cinematográficas de obras teatrales son un valor seguro en sus manos. Lo hizo en Un dios salvaje La muerte y la doncella, y en esta nueva película vuelve a deleitarnos con un huracán interpretativo, formado en esta ocasión por Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner, una ingeniosa historia contada con muchísima agilidad y, por si fuera poco, divertida.

13. La isla mínima
Seguramente, la mayor sensación del cine español este año, y por buenos motivos. Un thriller policíaco ambientado en la época de la transición, de atmósfera muy conseguida y contado con absoluta maestria. Tiene muchas similitudes (aunque está lejos de su nivel) con una de las mejores películas de su género que se han hecho, la coreana Memories of Murder, pero se nota que busca su propia personalidad y eso siempre hay que aplaudirlo.

14. Ida
Mucho se ha hablado de esta producción polaca que ha dado muy buenas impresiones a la crítica. Sin compartir la euforia de muchos, lo cierto es que su calidad técnica es excelente. Poesía visual y magnífica fotografía para contarnos una historia de sabor añejo que, sin ser lo más original que ha dado el cine, enamorará a más de uno, de la misma manera que puede aburrir soberanamente a muchos otros. Con todo, no puedo dejar de recomendarla.

15. El Gran Hotel Budapest
Si Wes Anderson ya era un director con una cantidad considerable de fans, El Gran Hotel Budapest ha incrementado su número exponencialmente. Aunque las enormes expectativas que tenía en ella hicieron que después de verla me sintiese ligeramente decepcionado con ella, como comedia funciona muy bien, y dosifica mejor que Moonrise Kingdom el humor a medio camino entre lo absurdo y lo infantil propio de su creador. 

16. Alabama Monroe
En unos años en que el cine europeo sigue demostrando que goza de muy buena salud, para que una película destaque por encima de otras tiene que hacer auténticos méritos. Alabama Monroe, sin ser especialmente sobresaliente en otros aspectos, emociona muchísimo con una historia a la vez hermosa y amarga, un drama romántico en el que la música tiene un especial protagonismo y con unas interpretaciones de su dúo protagonistas excelentes.

17. Un toque de violencia
Recientemente estamos viendo cómo en el cine chino comienzan a surgir algunos nombres que, tímidamente, intentan asaltar el trono de los dos grandes maestros del gigante asiáticos, Zhang Yimou y Wong Kar-wai. Aunque a día de hoy la tarea sigue pareciendo misión imposible, al menos estos 'aspirantes' nos dejan interesantísimas obras, como ha sido este año Un toque de violencia, una cruda y nada amable recopilación de historias que reflejan la oscuridad de una sociedad dominada por la corrupción.

18. Dos días, una noche
Una de las mejores formas de identificar a un gran actor es cuando aparecen en una película mediocre o que por sí sola tiene poco de especial. Este es el caso de la francesa Marion Cotillard en este filme en el que su interpretación está muy por encima de una película que, por si fuera poco, no tiene nada de malo. Su descomunal trabajo encarnando a una madre depresiva a punto de perder su trabajo es fácilmente una de las más desgarradoras de todas las que hemos visto este año, y una de las mejores interpretaciones de esta grandísima actriz.


viernes, 23 de enero de 2015

La fascinación de lo desconcertante

¿Cuál debería ser el criterio a seguir a la hora de calificar a una película de obra maestra? Esta es una pregunta que en más de una ocasión me he hecho, especialmente justo después de ver un filme especialmente bueno que te hace preguntarte si sobrepasa la línea nunca inmóvil que separa lo excepcional del resto. Como siempre digo, cada uno puede pensar lo que quiera al respecto, pero dado que este es mi blog y algo tendré que escribir para introducir esta crítica, mi creencia es que para considerar obra maestra una película tiene que unir una calidad técnica incuestionable, un argumento sólido e interesante en todo momento y algo que la haga destacar sobre las demás. Y, claro está, que te guste.

En esta últimas semanas estoy comenzando a ponerme al día con la obra de uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos, el sueco Ingmar Bergman (quien, por si alguno se lo pregunta, sigue vivo), y entre varias obras generalmente notables, si tuviera que destacar una de las que he visto hasta este momento, sería Persona, uno de los títulos más desconcertantes que he visto, y que a la vez produce una fascinación única.
Protagonizada por dos de las actrices habituales en los filmes de este extraordinario realizador, Liv Ullmann y Bibi Andersson, Persona es, simplemente, una película difícil de explicar con palabras, dado que gran parte de su fuerza se la debe a una atmósfera inquietante a unos niveles altísimos, que arranca en sus primeros minutos con unas secuencia de imágenes y escenas que no parecen tener relación con el resto de la historia (yo al menos no he encontrado el sentido, y sinceramente no lo veo necesario), y prosigue en una suerte de película de intriga con un alto contenido psicológico y, como es habitual en la filmografía de Bergman, hurga en las almas de sus protagonistas. Aún así, no es tan existencialista como otros de sus filmes.

El motivo de la excelencia de Persona no es otro que el de crear una obra redonda, sin ninguna arruga ni nota discordante, con dos protagonistas de las que uno termina sin saber qué pensar de ellas y un argumento que te dejará pensando durante mucho tiempo, sea por encontrarle un sentido o simplemente por el mero placer de rememorarla. Bergman hace uso de un despliegue sensacional de primeros planos y escenas de muchísimas intensidad narradas con una ritmo pausado que, en una película como esta, crea aún más intranquilidad. No se si se puede decir que es uno de los mejores títulos de la historia, pero en mi opinión no puede estar muy lejos de ellos. 

martes, 20 de enero de 2015

El cine de Stanley Kubrick II

Siguiendo con el repaso a la filmografía de este director, si hace dos semanas hablaba de su faceta más crítica, concretamente con el belicismo, en esta entrada me centraré en otra vertiente, la de sus thrillers, de alto contenido psicológico, filmes siempre cargados de mucha tensión y que tienen la virtud de desconcertar al espectador gracias a su peculiar narrativa. Estos tres títulos son además mis tres favoritos personales de toda su obra.
La naranja mecánica, una película inmortal y única en su especie, probablemente sea a la vez el filme más completo de Kubrick, y a la vez uno de los más ambiguos, siendo el único de su filmografía que me cuesta situar en un género concreto. La historia, basada en una novela de Anthony Burgess (gran parte de sus películas son adaptaciones de novelas), caótica como pocas, nos lleva junto a su protagonista, Alex DeLarge, y un grupo de pandilleros un tanto peculiares.

Mediante escenas impactantes, varias de ellas iconos de la historia del cine, y una narración bastante perturbadora, Kubrick consiguió crear una obra difícil de juzgar dada su inmensa personalidad. Pese a todo, es una de mis películas favoritas del director, y sin duda una de las mejores.
La mejor película de terror de la historia. Como ya he comentado en alguna otra ocasión, no hay ningún título de este género que consiga dar la misma sensación que El resplandor. En ella, Kubrick dio una lección magistral de cómo usar toda una gama de recursos fílmicos con el fin de crear una atmósfera tan opresiva como esta, lo que da como resultado una película en la que la inquietud es una constante desde el minuto 1.

Aunque técnicamente superada por los impresionantes efectos (más aún para la época en que se hizo) de 2001, y al mismo nivel que La naranja mecánica, El resplandor fue probablemente la culminación como director de Kubrick, después de varias décadas explorando todos los géneros cinematográficos. 
Desafortunadamente, Eyes Wide Shut es más conocida por ser la última película de Kubrick y por las controvertidas escenas de la logia que por su valor cinematográfico, siendo un más que decente punto final para la obra del director. Igual que las dos anteriores, es una película muy inquietante, en esta ocasión más por la incertidumbre que se tiene en todo momento que por lo que se ve. Deja muchas preguntas sin responder, y aunque la escena ya mencionada es la que provoca más impresión, tiene algunas más dignas de ver por su alta tensión.




jueves, 15 de enero de 2015

Birdman, o las muy esperadas virtudes de Iñárritu

Un nombre ya bastante conocido en el mundo del cine, Alejandro González Iñárritu era un director que en mi caso ya hace un tiempo que superó la línea que separa a los cineastas dignos de una atención y seguimiento especial del resto. Su deprimente aunque a efectos puramente fílmicos brillante "trilogía" conformada por Amores perros, 21 gramos y Babel me gustaron, mucho, tanto por la profundidad dramática de sus historias como el buen uso que hacía de actores y personajes con mucho potencial. Ahora, unos cuantos años después de su últimos largometraje Biutiful, el director mexicano regresaba con una película muy diferente a las anteriores, pero que esperaba con muchísimas ganas desde hace meses. Y ciertamente, Birdman ha alcanzado e incluso superado todas mis expectativas.

Con un humor muy negro y tremendamente irónico en situaciones concretas, Birdman es, al igual que sus anteriores películas, una historia de personas, y en concreto de algunos aspectos poco amables de esta a la que llamamos raza humana. Una historia que, con paso firme, sin titubeos ni (lo más importante) impedimentos, nos lleva al interior de un teatro de Broadway en el que una fracasada ex-estrella de Hollywood interpretada por un tal Michael Keaton prepara una obra con la que espera volver a llamar la atención del mundo. 
Rodada de una manera inusual (toda la película está montada como un único plano secuencia), y dotada de una fotografía y puesta en escena excepcional, Iñárritu también se atreve a hacer de este filme una suerte de patada en el estómago a la industria cinematográfica de Estados Unidos mediante un buen número de referencias directas o indirectas. Y es que, muy a cuento de lo que decía hace dos artículos, Birdman es una de esas películas que demuestran que cuando se le da más importancia a su lado artístico que al comercial, el cine es capaz de maravillas como esta.

El reparto, lleno de grandes nombres, se luce. Otra de las virtudes de su director, que en todas sus anteriores películas ha demostrado estar más que capacitado para arrancar enormes interpretaciones a su elenco (Gael García Bernal, Sean Penn, Rinko Kikuchi, Naomi Watts,...). Si bien Birdman gira en torno al personaje de Michael Keaton, y es por tanto este actor el que más oportunidades tiene de brillar delante de las cámaras, y ya lo creo que lo hace, todos los secundarios, Edward Norton, Emma Stone, la propia Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough o Amy Ryan, tienen al menos una o dos escenas en las que lucirse, y todos y cada uno de ellos aprovechan la oportunidad con creces. Tan importante como esto es que dichos personajes tengan, además, su papel en la trama.

Mentiría si no dijera que Birdman es candidata directa a convertirse en una de mis películas favoritas. El virtuosismo de Iñárritu, este gran director que no quiere dejar de crecer con cada película, nos ha dejado un título para la posteridad, uno de los ejemplos de cine más puro y auténtico que se han hecho en los últimos años. 

viernes, 9 de enero de 2015

Lo que el ojo humano esconde

En estos primeros días de enero, del mismo modo que las televisiones y demás medios de comunicación se llenan de recopilaciones de todo lo acontecido a lo largo del año, estoy aprovechando para hacer un repaso de los muchos filmes interesantes de 2014 que o no he podido ver antes o no había sentido la necesidad de verlas anteriormente. La lista de películas que tenía (y sigo teniendo) pendientes era prometedora, y de hecho entre ellas se encontraba Sueño de invierno, fantástico título que ya comenté recientemente. Sin embargo, si tuviera que designar a una sola como mi mayor descubrimiento cinematográfico del año, y teniendo en cuenta que siempre puede haber alguna que otra joya perdida por ahí, esta sería un filme que hasta ahora me había pasado completamente desapercibida: Orígenes.

A mi y probablemente a más de uno, la etiqueta de cine independiente estadounidense suele darme algo de miedo, no porque las películas de este tipo que he visto no me parezcan buenas, sino porque en general sus planteamientos y sobre todo historias no me llegan, como me ocurrió por ejemplo con la aclamada Nebraska, notable película pero que terminó dejándome más bien frío. Cuestión de gustos. Precisamente una de las razones que han hecho que Orígenes me haya gustado tanto es que tiene un sello tan personal que veo en ella pocos rastros de las características más habituales de otras producciones similares.
Haciendo gala de una enorme originalidad, Orígenes es la historia de un joven científico obsesionado con el estudio del ojo humano, más concretamente de los patrones del iris. Esta sería una forma muy sucinta de resumir su trama, y lo voy a dejar así. Aunque la película trata temas científicos, y lo cierto es que los ojos son el eje troncal alrededor del que gira el resto de subtramas y personajes, Orígenes goza de una extraordinario frescura producida por la agilidad con que la historia se nos cuenta y con el hecho de no centrarse demasiado en los interrogantes científicos que se plantean y alternarlo con el desarrollo de sus personajes protagonistas, a quienes llegaremos a conocer muy bien.

Pero esto no termina aquí. Tras ver Orígenes, la buenísima impresión que me dejó me obligó a ver la anterior y primera película de su director, Mike Cahill. Otra Tierra, protagonizada por una de las actrices principales de Orígenes, Brit Marling, supuso una experiencia casi tan buena a pesar de sus importantes diferencias. Con la misma frescura narrativa aunque haciendo uso de un tono más intimista alejado de la grandilocuencia que tienen muchos momentos de Orígenes, esta película que podríamos clasificar como de ciencia ficción, tiene la peculiaridad de introducir en su argumento desde el inicio la aparición de una segunda Tierra (así, como suena) idéntica a nuestro planeta, pero a la vez su argumento se centra en la historia de redención de su protagonista. Una fórmula que no gustará a todos, pero a mí me convenció completamente.
Dicho todo esto, tengo que añadir que en su conjunto ambas películas me han gustado más que dos títulos que fácilmente se podrían comparar con este por su uso de la ciencia ficción y por su carácter independiente, Coherence y The Man from Earth, filmes que ya comenté hace un tiempo pero que a diferencia de las dos películas de Mike Cahill adolecen de un escasísimo desarrollo y amplitud argumental más allá de sus interesantes historias de ciencia ficción. Así que recomendadísimas quedan, tanto Orígenes como Otra Tierra, y tendré que seguir de cerca la carrera de este prometedor director.



martes, 6 de enero de 2015

El imperio de los blockbusters

De este tema ya he hablado alguna que otra vez en el blog, aunque siempre centrándome más en el cine de superhéroes, en estos últimos años la principal fuente de blockbusters (y lo será más aún en los próximos), pero es algo que me sigue fastidiando y que recientemente, tras ver la última película de El hobbit, me ha empezado a enfadar, a pesar de que sea algo que no pueda remediar de ninguna manera. 

Como ya dije en su correspondiente crítica, tras dos películas bastante mediocres que aún así tenían sus virtudes y en líneas generales (no voy a entrar en detalles que ya comenté en su momento) me gustaron, El hobbit: la batalla de los cinco ejércitos fue seguramente uno de las peores conclusiones que podría tener esta trilogía, y más aún, en vistas de que Christopher Tolkien se niega a permitir que vuelvan a hacerse más adaptaciones de la obra de su padre (y hace bien), el punto y final a una saga histórica y magnífica si la unimos con El Señor de los Anillos. El principal problema, su falta de personalidad, la pérdida de la esencia que caracterizó las anteriores película de la Tierra Media y la impresión de ser un mero producto de entretenimiento más.
Sin embargo, ya sabemos que el de El hobbit no es un caso aislado. Viendo el filón que están demostrando ser para el gran público las películas de este tipo, los estudios de Estados Unidos llevan años explotando sin descanso esta fórmula basada en la suma de efectos especiales, argumentos simples pero entretenidos y escenas espectaculares. Esta ecuación en muchos casos obvia la presencia de buenos guiones y reducen al mínimo la calidad y originalidad puramente cinematográfica.

Tampoco quiero decir que sea enemigo de este tipo de películas. Un caso cercano es el de Pacific Rim, un filme que sí, tenía todos los ingredientes que enumeré antes, pero no intentaba engañar al espectador ni vender algo que no era, y desde el primer minuto se notaba que era consciente y consecuente de lo que era, un simple producto de entretenimiento muy friki.

Por eso me quejo, porque personas como Christopher Nolan, Zack Snyder, Darren Aronofsky y el propio Peter Jackson hace una década demostraron que se puede hacer cine de calidad y, a la vez, muy entretenidos y llenos de efectos visuales magníficos. Aunque mucho me temo que mientras el público siga yendo masivamente a las salas para ver la misma película con diferente nombre los estudios de Hollywood seguiran exprimiendo la gallina de los huevos de oro mientras puedan.


domingo, 4 de enero de 2015

Filosofía y té turco

Terminó 2014, y como el año anterior es la hora de hacer balance de lo mejor (y lo peor para los que quieran) que el mundo del cine nos ha dado en los últimos meses. Como de costumbre, una vez vistos aquellos títulos que encuentras en el 90% de los comentarios, artículos y recopilatorios de Internet, se abre un horizonte no demasiado amplio, pero sí prometedor, de películas menos conocidas y sobre todo más minoritarias que no llenan salas de cine pero a cambio suelen tener muchas otras virtudes en mi opinión más importantes.

Uno de estos filmes, que apenas conocía por algunas críticas sueltas, por haber visto su nombre de vez en cuando y sobre todo por ser la ganadora de la última edición del prestigioso Festival de Cannes, resultó ser una película turca (país de cuyo cine no tengo el menor conocimiento) de más de tres horas de duración. Con mucho recelo y pocas esperanzas me puse a verla, para encontrarme, con muchísimas sorpresa, con una extraordinaria obra maestra.
Podría llenar la página de adjetivos que verbalizasen las muchísimas virtudes que tiene esta película, todo ello porque "Sueño de invierno", sin excederse a lo largo de su amplísimo metraje, y se agradece, está repleta de detalles tanto técnicos como de su historia y guión que merecen sin lugar a dudas un segundo revisionado más concienzudo. También es, por otro lado, un filme sumamente equilibrado, y con una inesperada naturalidad en todo lo que cuenta a pesar de desarrollar temas filosóficos (que no abstractos) en sus larguísimos diálogos. Todo ello apuntalado por un ritmo narrativo siempre de acorde con la historia, sin ninguna irregularidad.

Si en estos aspectos sobresale, no lo hace menos en el apartado técnico, especialmente por una fotografía excepcional que explota a la perfección los paisajes de la Anatolia invernal haciendo de ellos un magnífico complemento y telón de fondo muy de acorde con la trama. Una trama sencilla, basada en muy pocos personajes y como dije antes empleando de una forma cuiosamente cotidiana una serie de diálogos y discusiones que se podría calificar de filosóficas, pero que no encajan del todo con este calificativo.

Podría seguir hablando de "Sueño de invierno" pero como otras veces he dicho recomiendo ante todo que la veáis para apreciar su grandiosidad. Una de las mejores películas del año pasado, y una obra de cine de grandísima calidad.


viernes, 2 de enero de 2015

El cine de Stanley Kubrick I

Empezamos este año con una nueva entrada tras unos días sin escribir nada en los que he aprovechado para ir recolectando ideas para desarrollar en el futuro. Al igual que he hecho en varias ocasiones, y más recientemente con Akira Kurosawa, una de estas ideas ha sido la de comenzar una sección, muy amplia y que probablemente escribiré con poca regularidad, sobre algunos grandes directores de la historia del cine, comentando sus mejores obras, y si me atrevo con sus estilos cinematográficos. Así que, y teniendo pendiente un último artículo de Kurosawa, empezamos con el cine de Stanley Kubrick.
Como una de las personalidades más influyentes e importantes del cine de la segunda mitad del siglo XX, Kubrick es uno de esos nombres míticos que inspiran respeto con solo mencionarlos. Un buen número de sus obras se encuentran entre las mejores y más conocidas películas de la historia, todas ellas marcadas por una forma de hacer cine muy especial que hace que gran parte de sus filmes estén marcados por una atmósfera opresiva y casi claustrofóbica a veces, aunque no siempre su cumpla.

Para empezar con este repaso a su obra, he dividido su filmografía en dos partes, y hoy me centraré en la que he calificado como su vertiente crítica, la marcada sobre todo por sus películas bélicas, con la posible excepción de Lolita y La naranja mecánica, aunque ambas quedarán para otra entrada.
En el cine bélico creo que hay pocas películas tan demoledoramente críticas con los conflictos militares como La chaqueta metálica, Senderos de gloria y ¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú. De la primera ya hablé en mi ciclo de cine bélico, y aunque me parezca un filme algo sobrevalorado, sí que hace un excelente retrato de la Guerra de Vietnam, el entrenamiento y sobre todo el tratamiento de los marines, entre otros temas. En ese sentido, es la más pesimista de las tres, y con mucho la más oscura, careciendo del tono cómico de ¿Teléfono rojo? y de desarrollo más directo de Senderos de gloria.

¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú es la mejor película satírica que he visto, y una de las más brillantes comedias negras del cine. La principal razón es el hecho de basarse en gran medida en una serie de personajes extremadamente pintorescos y de comportamiento absurdo y en muchos casos exagerados, empezando como no por la triple interpretación de Peter Sellers, grandísimo en sus papeles del Doctor Strangelove (uno de los mejores personajes de Kubrick), el Presidente Muffley y Lionel Mandrake, además de los generales Turgidson y Ripley. Con ellos, la película plasma de forma magnífica lo absurdo de la Guerra Fría elevado a la enésima potencia, haciendo uso de diálogos y situaciones ridículas que son uno de los mejores ejemplos del cinismo propio de muchas películas de Kubrick.
Con respecto a Senderos de gloria, película mucho más sencilla, se le puede considerar uno de los títulos más ligeros del director, no tanto por su escasa duración como por el hecho de que a diferencia de muchas otras no tiene una segunda interpretación y no requiere de un constante esfuerzo mental por desvelar la intención que hay detrás de lo que se ve en pantalla. Con todo, sigue siendo un excelente retrato de la crueldad y la falta de piedad de los altos cargos militares con respecto a sus subalternos, en esta ocasión reflejado en la sordidez de la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial.