jueves, 15 de enero de 2015

Birdman, o las muy esperadas virtudes de Iñárritu

Un nombre ya bastante conocido en el mundo del cine, Alejandro González Iñárritu era un director que en mi caso ya hace un tiempo que superó la línea que separa a los cineastas dignos de una atención y seguimiento especial del resto. Su deprimente aunque a efectos puramente fílmicos brillante "trilogía" conformada por Amores perros, 21 gramos y Babel me gustaron, mucho, tanto por la profundidad dramática de sus historias como el buen uso que hacía de actores y personajes con mucho potencial. Ahora, unos cuantos años después de su últimos largometraje Biutiful, el director mexicano regresaba con una película muy diferente a las anteriores, pero que esperaba con muchísimas ganas desde hace meses. Y ciertamente, Birdman ha alcanzado e incluso superado todas mis expectativas.

Con un humor muy negro y tremendamente irónico en situaciones concretas, Birdman es, al igual que sus anteriores películas, una historia de personas, y en concreto de algunos aspectos poco amables de esta a la que llamamos raza humana. Una historia que, con paso firme, sin titubeos ni (lo más importante) impedimentos, nos lleva al interior de un teatro de Broadway en el que una fracasada ex-estrella de Hollywood interpretada por un tal Michael Keaton prepara una obra con la que espera volver a llamar la atención del mundo. 
Rodada de una manera inusual (toda la película está montada como un único plano secuencia), y dotada de una fotografía y puesta en escena excepcional, Iñárritu también se atreve a hacer de este filme una suerte de patada en el estómago a la industria cinematográfica de Estados Unidos mediante un buen número de referencias directas o indirectas. Y es que, muy a cuento de lo que decía hace dos artículos, Birdman es una de esas películas que demuestran que cuando se le da más importancia a su lado artístico que al comercial, el cine es capaz de maravillas como esta.

El reparto, lleno de grandes nombres, se luce. Otra de las virtudes de su director, que en todas sus anteriores películas ha demostrado estar más que capacitado para arrancar enormes interpretaciones a su elenco (Gael García Bernal, Sean Penn, Rinko Kikuchi, Naomi Watts,...). Si bien Birdman gira en torno al personaje de Michael Keaton, y es por tanto este actor el que más oportunidades tiene de brillar delante de las cámaras, y ya lo creo que lo hace, todos los secundarios, Edward Norton, Emma Stone, la propia Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough o Amy Ryan, tienen al menos una o dos escenas en las que lucirse, y todos y cada uno de ellos aprovechan la oportunidad con creces. Tan importante como esto es que dichos personajes tengan, además, su papel en la trama.

Mentiría si no dijera que Birdman es candidata directa a convertirse en una de mis películas favoritas. El virtuosismo de Iñárritu, este gran director que no quiere dejar de crecer con cada película, nos ha dejado un título para la posteridad, uno de los ejemplos de cine más puro y auténtico que se han hecho en los últimos años. 

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