viernes, 2 de enero de 2015

El cine de Stanley Kubrick I

Empezamos este año con una nueva entrada tras unos días sin escribir nada en los que he aprovechado para ir recolectando ideas para desarrollar en el futuro. Al igual que he hecho en varias ocasiones, y más recientemente con Akira Kurosawa, una de estas ideas ha sido la de comenzar una sección, muy amplia y que probablemente escribiré con poca regularidad, sobre algunos grandes directores de la historia del cine, comentando sus mejores obras, y si me atrevo con sus estilos cinematográficos. Así que, y teniendo pendiente un último artículo de Kurosawa, empezamos con el cine de Stanley Kubrick.
Como una de las personalidades más influyentes e importantes del cine de la segunda mitad del siglo XX, Kubrick es uno de esos nombres míticos que inspiran respeto con solo mencionarlos. Un buen número de sus obras se encuentran entre las mejores y más conocidas películas de la historia, todas ellas marcadas por una forma de hacer cine muy especial que hace que gran parte de sus filmes estén marcados por una atmósfera opresiva y casi claustrofóbica a veces, aunque no siempre su cumpla.

Para empezar con este repaso a su obra, he dividido su filmografía en dos partes, y hoy me centraré en la que he calificado como su vertiente crítica, la marcada sobre todo por sus películas bélicas, con la posible excepción de Lolita y La naranja mecánica, aunque ambas quedarán para otra entrada.
En el cine bélico creo que hay pocas películas tan demoledoramente críticas con los conflictos militares como La chaqueta metálica, Senderos de gloria y ¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú. De la primera ya hablé en mi ciclo de cine bélico, y aunque me parezca un filme algo sobrevalorado, sí que hace un excelente retrato de la Guerra de Vietnam, el entrenamiento y sobre todo el tratamiento de los marines, entre otros temas. En ese sentido, es la más pesimista de las tres, y con mucho la más oscura, careciendo del tono cómico de ¿Teléfono rojo? y de desarrollo más directo de Senderos de gloria.

¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú es la mejor película satírica que he visto, y una de las más brillantes comedias negras del cine. La principal razón es el hecho de basarse en gran medida en una serie de personajes extremadamente pintorescos y de comportamiento absurdo y en muchos casos exagerados, empezando como no por la triple interpretación de Peter Sellers, grandísimo en sus papeles del Doctor Strangelove (uno de los mejores personajes de Kubrick), el Presidente Muffley y Lionel Mandrake, además de los generales Turgidson y Ripley. Con ellos, la película plasma de forma magnífica lo absurdo de la Guerra Fría elevado a la enésima potencia, haciendo uso de diálogos y situaciones ridículas que son uno de los mejores ejemplos del cinismo propio de muchas películas de Kubrick.
Con respecto a Senderos de gloria, película mucho más sencilla, se le puede considerar uno de los títulos más ligeros del director, no tanto por su escasa duración como por el hecho de que a diferencia de muchas otras no tiene una segunda interpretación y no requiere de un constante esfuerzo mental por desvelar la intención que hay detrás de lo que se ve en pantalla. Con todo, sigue siendo un excelente retrato de la crueldad y la falta de piedad de los altos cargos militares con respecto a sus subalternos, en esta ocasión reflejado en la sordidez de la guerra de trincheras de la I Guerra Mundial.



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