viernes, 9 de enero de 2015

Lo que el ojo humano esconde

En estos primeros días de enero, del mismo modo que las televisiones y demás medios de comunicación se llenan de recopilaciones de todo lo acontecido a lo largo del año, estoy aprovechando para hacer un repaso de los muchos filmes interesantes de 2014 que o no he podido ver antes o no había sentido la necesidad de verlas anteriormente. La lista de películas que tenía (y sigo teniendo) pendientes era prometedora, y de hecho entre ellas se encontraba Sueño de invierno, fantástico título que ya comenté recientemente. Sin embargo, si tuviera que designar a una sola como mi mayor descubrimiento cinematográfico del año, y teniendo en cuenta que siempre puede haber alguna que otra joya perdida por ahí, esta sería un filme que hasta ahora me había pasado completamente desapercibida: Orígenes.

A mi y probablemente a más de uno, la etiqueta de cine independiente estadounidense suele darme algo de miedo, no porque las películas de este tipo que he visto no me parezcan buenas, sino porque en general sus planteamientos y sobre todo historias no me llegan, como me ocurrió por ejemplo con la aclamada Nebraska, notable película pero que terminó dejándome más bien frío. Cuestión de gustos. Precisamente una de las razones que han hecho que Orígenes me haya gustado tanto es que tiene un sello tan personal que veo en ella pocos rastros de las características más habituales de otras producciones similares.
Haciendo gala de una enorme originalidad, Orígenes es la historia de un joven científico obsesionado con el estudio del ojo humano, más concretamente de los patrones del iris. Esta sería una forma muy sucinta de resumir su trama, y lo voy a dejar así. Aunque la película trata temas científicos, y lo cierto es que los ojos son el eje troncal alrededor del que gira el resto de subtramas y personajes, Orígenes goza de una extraordinario frescura producida por la agilidad con que la historia se nos cuenta y con el hecho de no centrarse demasiado en los interrogantes científicos que se plantean y alternarlo con el desarrollo de sus personajes protagonistas, a quienes llegaremos a conocer muy bien.

Pero esto no termina aquí. Tras ver Orígenes, la buenísima impresión que me dejó me obligó a ver la anterior y primera película de su director, Mike Cahill. Otra Tierra, protagonizada por una de las actrices principales de Orígenes, Brit Marling, supuso una experiencia casi tan buena a pesar de sus importantes diferencias. Con la misma frescura narrativa aunque haciendo uso de un tono más intimista alejado de la grandilocuencia que tienen muchos momentos de Orígenes, esta película que podríamos clasificar como de ciencia ficción, tiene la peculiaridad de introducir en su argumento desde el inicio la aparición de una segunda Tierra (así, como suena) idéntica a nuestro planeta, pero a la vez su argumento se centra en la historia de redención de su protagonista. Una fórmula que no gustará a todos, pero a mí me convenció completamente.
Dicho todo esto, tengo que añadir que en su conjunto ambas películas me han gustado más que dos títulos que fácilmente se podrían comparar con este por su uso de la ciencia ficción y por su carácter independiente, Coherence y The Man from Earth, filmes que ya comenté hace un tiempo pero que a diferencia de las dos películas de Mike Cahill adolecen de un escasísimo desarrollo y amplitud argumental más allá de sus interesantes historias de ciencia ficción. Así que recomendadísimas quedan, tanto Orígenes como Otra Tierra, y tendré que seguir de cerca la carrera de este prometedor director.



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