domingo, 1 de febrero de 2015

Jason Bourne y las sagas de acción.

El cine de acción puro nunca ha sido uno de mis géneros favoritos. Por supuesto, hay buenas películas de este tipo, y casi nunca le hago ascos a las escenas de acción que aparecen en numerosos títulos, pero cuando más del 50% de lo que ocurre se basa en escenas de peleas y persecuciones, me atrae bastante poco. Una de las escasísimas excepciones son las tres últimas películas de la saga de James Bond, las protagonizadas por Daniel Craig (básicamente porque no he visto las anteriores), todas las cuales he visto en más de una ocasión, pero por lo general no muestro especial interés por ver muchos títulos de esta clase.

Sin embargo, esta semana me decidí por fin a ver de una vez por todas una de las sagas de acción más famosas e importantes de lo que llevamos de siglo: la trilogía de Jason Bourne. Para ser más exactos, son un total de cuatro películas, pero la última tiene un protagonista distinto a las anteriores, además de desviarse del rumbo tomado por sus predecesoras, y ya la había visto cuando se estrenó (soy así, empiezo las cosas por el final). Pese a que su argumento no aparenta tener nada especial. y ciertamente no lo tiene, la saga está muy bien considerada por su calidad técnica y por la influencia que ha tenido en el género desde el estreno de su primera entrega en el año 2002.
Para qué os voy a mentir, he disfrutado mucho las tres películas. Ninguna de ellas se hace pesada, está bastante bien equilibrada y tiene poco que envidiar a las más recientes de James Bond (aunque no dejen de ser inferiores). Tal y como esperaba, el trabajo detrás de las cámaras es notable, haciéndose evidente de forma muy especial en las numerosas escenas de persecuciones y peleas, siempre claras y fáciles de seguir. La historia, que se desarrolla de forma lineal a lo largo de las tres entregas, cumple con su función en este tipo de producciones, resulta convincente y a falta de elementos que la hagan destacar apuesta por una coherencia muy sana que le hacen tener pocas fisuras (para lo habitual en otros títulos del género).

Tampoco me quejaré de su protagonista, Matt Damon, un actor que nunca ha sido santo de mi devoción, encuadrado en la categoría de intérpretes con un registro poco amplio, pero que suelen ser sinónimo de solidez. Además, para un personaje de esta clase, del que no se requiere un despliegue espectacular de sus capacidades como actor, el bueno de Damon es una opción mucho mejor que otros de los que se consideraron en su momento para dar vida a Jason Bourne (Russell Crowe o Sylvester Stallone, entre otros).
Con todo, la trilogía también peca de algunos de los 'errores' habituales en el cine de acción, uno de ellos el desfile de buenos actores interpretando a personajes poco más que intrascendentales, siendo los casos más flagrantes los de los tres asesinos enviados tras Bourne en cada una de las películas, respectivamente Clive Owen, Karl Urban y Edgar Ramírez. De hecho, además del propio Bourne, apenas hay personajes que tengan una auténtica trascendencia en la trama, siendo quizá el único y más destacable el de su 'interés amoroso' (vamos, su novia), la actriz alemana Franka Potente, protagonista de  Corre Lola, corre. Llama la atención también que el único personaje además del propio Bourne que aparece en las tres películas, el interpretado por Julia Stiles, tras pasar por las dos primeras con una relevancia casi nula en la última película, cuando parece que va a adquirir más peso en la historia, termina desapareciendo como si nada.

Pero, a pesar de sus fallos, si os gusta el cine de acción y aún  no habéis visto esta saga, haceros un favor. Y aunque no os guste, sigue siendo una buena opción  si buscáis una película entretenida.



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